¿Estás on board?
Hay quienes lo han disfrutado, mientras que otras personas lo habrán padecido. Pero todo el mundo ha tenido algún primer día de trabajo. ¿Recuerdas algo del mismo?
Hablando recientemente en una reunión de equipo sobre experiencias en trabajos previos, alguien de nuestro equipo nos hizo un comentario que nos dejó pensando. Dijo algo así como:
«Cuando ingresé a mi primer empleo en comunicación, me asignaron al colaborador más antiguo de todos para el proceso de onboarding. Su rol fue tutorearme por unos días y asegurarse de que me llevara para leer a casa una carpeta enorme con: el código de vestimenta, mini entrevistas personales para “conocer mejor” a mis compañeros de trabajo, manuales con procesos y procedimientos, siglas utilizadas internamente, misión de la empresa… De a poquito me fui adaptando. Era gente muy amable y divertida, y la empresa era muy joven, pequeña en tamaño y open minded. Mucho no me costó la adaptación; estuve on board al poco tiempo.»
Esto nos inspiró a hacer una ronda de preguntas sobre cómo fue el onboarding de cada una de las personas presentes en sus respectivos «primeros días» en una empresa nueva. Y hubo experiencias de lo más variadas. Lo cierto es que no hay un proceso único que cada organización lo llevará de acuerdo a lo que considera mejor. Sin embargo, hay una principal diferencia a considerar, que puede hacer que el onboarding sea, de base, bueno o malo: el tiempo que le dedicamos.
Onboarding: ¿una instancia o un proceso?
Empecemos por el principio. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de onboarding? El onboarding es un anglicismo que se refiere a la etapa de inducción de las personas cuando recién ingresan a trabajar a una nueva organización. Desde su recibimiento en la empresa, el contacto con su cultura, misión, visión, valores, la presentación con su equipo de trabajo hasta los aspectos específicos de su labor. Se trata de una etapa muy importante, ya que es uno de los primeros contactos de la persona (como empleada o colaboradora –no como consumidora) con la marca. Y las primeras impresiones siempre tienen mucho peso.
En algunas empresas, el onboarding no es un proceso, sino una instancia: en una reunión se juntan los ingresos del mes y se les explican las principales características de la organización. Aquí, el objetivo es acelerar el proceso de adaptación, dar un “pantallazo general” de la empresa, lograr una integración más orgánica. Se trata más de una comunicación de “una sola vía”. Y el tema termina allí, en una inducción más, como la que se realiza ante cualquier otro proceso.
En otras organizaciones, en cambio, estos procesos pueden durar semanas y hasta meses. ¿Por qué tanto? Porque se involucra a toda la organización (y por este motivo, el rol de comunicación interna en tanto “concientizadora” de la importancia del proceso es fundamental). Durante este tiempo se busca que el nuevo ingreso se comprometa con la institución y logre relacionarse efectivamente con todas las personas que serán sus interlocutoras. Vemos entonces que no se trata únicamente de una instancia de bienvenida. Por eso, durante este período, la persona irá conociendo los procesos, las conexiones y los recursos necesarios para desarrollarse en todo su potencial. Aquí la comunicación es de ida y vuelta, la interacción es total, y el compromiso, más fácil de conseguir.
No es de extrañar, entonces, que sean cada vez más las organizaciones que tienden a hacer del onboarding un proceso más que una instancia: su implementación, además de la motivación y compromiso que hemos mencionado previamente, trae aparejados otros beneficios como la retención de los equipos y una mayor productividad (como fruto, a su vez, del compromiso generado en primera instancia).
En tu empresa, ¿están on board?