¿Uno para todos?
En comunicación interna, una frase que nos resuena mucho es: «¡Uno para todos, y todos para uno!». Pero, muchas veces, la realidad solo muestra la primera parte de la misma, y el «todos para uno» no se termina reflejando.
Esto no es por maldad, sino por desconocimiento. La pregunta que muchas veces surge es: ¿cómo contribuyo yo, que no trabajo en el departamento de comunicación interna, para mejorar la CI de mi empresa? La contribución a la comunicación interna en la que se basa esta pregunta (y la respuesta que traemos a continuación) es el reflejo de nuestra gestión: la practicidad que trae soluciones profundas a problemáticas complejas, de un modo sencillo y aplicable.
Esta contribución a la comunicación interna (independientemente del área en la que se trabaje) es un tema que está siendo recurrentemente consultado por nuestros clientes. Para esto vamos a retomar brevemente la génesis de esta cuestión: el escaso presupuesto que muchas veces caracteriza al sector de comunicación interna y el manejo inteligente y eficiente de los recursos que pueden ser adjudicados a este equipo.
¿Uno para todos?
Se desprende de lo anterior una obviedad: si hay solo una persona designada para cubrir las necesidades comunicacionales de la compañía, sí o sí va a necesitar de la contribución a la comunicación interna de las “n” personas que la conforman. O dicho desde otra perspectiva: si alguien “x” considera que la comunicación interna de la empresa en la que se desempeña debe mejorar, no puede trasladar esa responsabilidad únicamente a quien sea responsable de CI, sino que tiene que pensar (y actuar) al estilo de los tres mosqueteros: uno para todos, sí, pero también todos para uno.
La proactividad como bandera, la palabra como espada
Existen distintas responsabilidades comunicacionales (por fuera de las que de por sí tiene una persona que asume el rol de responsable CI) a lo largo del organigrama o pirámide corporativa. Si pudiéramos asignarle una y solo una a aquellas personas de la organización que no tienen gente a cargo, la misma sería la de proactividad: detectar temas noticiables que suceden a su alrededor, y hacérselos llegar al equipo de comunicaciones internas para pensar en conjunto la mejor manera de compartirlos al resto de la organización: una iniciativa de aplicación sencilla, que reúna la mejor ecuación costo humano – beneficio organizacional. Esta es una ventaja de nuestra disciplina: la imaginación, la creatividad y la adecuación de un objetivo determinado a un target específico por vías no convencionales muchas veces pueden más que un presupuesto abultado.
Una buena idea puede ser la de organizar un comité interdisciplinario de personas de distintos equipos que estén dispuestas a dedicar un poco de su tiempo para dar forma al proyecto. Esto involucra, compromete y genera adhesión, además de ser sinérgico e integrador. Y, quién lo diría, puede instituirse en la usina desde la cual se extrapole el proyecto a otros departamentos.
La mayoría de las redes de referentes CI que surgieron en el mercado corporativo nacieron de una actitud colaborativa y solidaria de sus integrantes. Bajo la coordinación de quien lidere la comunicación interna en la empresa, muchas veces generaron un impacto institucional superior a la suma de sus miembros. Porque la proactividad se potencia cuando encuentra del otro lado a un equipo CI dispuesto a ajustar la novedad en el tono o en las palabras de la organización (y por supuesto, un ecosistema de canales disponible).
El “debrief” de este breve texto debería ser el siguiente: la cocreación o coparticipación coordinada es la mejor metodología para ver reflejada en hechos la diversidad y multiplicidad de ideas proactivas que se encuentran latentes en toda organización.